Yo pienso, tu piensas, el piensa...
Bajo este título, seguramente extravagante, la Fundación Gilberto Avendaño ha convocado y editado las reflexiones de una pléyade de periodistas y comunicadores sociales en torno al tema de repensar el periodismo en Colombia.
La prensa democrática y liberal, en el sentido más amplio de la palabra, tiene todavía fe en el hombre y en sus capacidades, es eminentemente optimista, aunque sea la tragedia y el drama de la humanidad en desarrollo, la materia prima de su trabajo. Por ello debe entregar al público una información en bruto, lo más objetiva posible, alejada de toda pasión sectaria, comentándola aparte con un criterio constructivo. Esta presentación, al parecer tan sencilla, muchas veces resulta explosiva, precísamente por que se trata de la verdad desnuda, sin velos, en sociedades acostumbradas a ciertas verdades convencionales.
El periodismo genuino, el que pronto se ve arrastrado por una indeclinable vocación de descubridor, es aquel que siente, o al menos intuye, que está sumido en una corriente de hechos, sucesos y acontecimientos que constituyen la urdimbre de la historia. La noticia no es entonces un vano acontecer, no es un chisme. Es la trama en que se teje la vida de los millones de individuos que conforman las sociedades humanas. La noticia no es un rumor, ni chisme, ni conseja. La noticia es aquel acontecimiento capaz de ligarse a muchos otros y de ir construyendo así la historia. El rol del periodista no consiste solo en hacerla conocer por un lado. Su papel consiste en escudriñarla por todas sus facetas, incluso las más secretas y analizarla a la luz de un conocimiento objeivo. De ahí la necesidad del yo pienso, tu piensas y él píensa... Imperativos indispensables en los campos universitarios donde profesores y estudiantes deben acrecentar el enriquecimiento de la vida cultural y dar vigencia a una legitimidad y legalidad democráticas y pluralistas. Lo que significa que la inevitable reforma política exige aceptar que la existencia de oposición y de alternancia son consustanciales a la vida de la democracia como lo muestra el último libro del profesor Ricardo Sanchez Angel, Bonapartismo Presidencial en Colombia.

